Bien A-sombrada, por Anamaría Varea
Nunca olvidaré cuando me contaste acerca de ese día, en una comunidad rural a pocos minutos de Portoviejo, en que hacía un calor infernal y tú eras la única que estabas bajo el sol. El grupo, insistentemente, te llamó y te dijo, “Anamaría, venga a que se asombre”. Necesitabas resguardarte en la sombra para resistir el inclemente sol ecuatorial.
Me gustan tus historias sobre el idioma que se habla en Manabí y cuando te advertían que no vayas por ese camino que es sólido, sólido, sólido, y con el tiempo descubriste que se referían a que eran muy solitarios. Este último que te ha tocado, constato que ha estado bastante sólido.
Hoy, arriba en las montañas, en estos días lluviosos, grises y nublados, en ese asombro que vives, bien a-sombrada te veo, en tu caminar.
Son ya varios días que percibo que estás en una nube de pensamientos, tus hombros se han caído un poco hacia adelante, parece que cargas una mochila llena de piedras, siento que te pesa hasta el alma y tu vida se siente gris.
Sí, me contaste que la noticia del novie te cayó como un balde de agua fría, te dejó asombrada, petrificada. Creías que los temas de orientación sexual y enfoque de género eran pan comido para ti, tantos talleres, cursos, charlas que recibiste al respecto, mas, sin embargo, ahora que se trata de tu sangre, el desconcierto te atraviesa el cuerpo y todo se pone en cuestión, la razón no tiene cabida, todo se trastoca, principios y finales se confunden, conceptos y preceptos no encajan.
Como has sido a lo largo de tu vida, trataste de no perder el hilo, de tener la situación bajo la lupa, pero el hilo no pasó por el agujero de la aguja y la lupa no te permitió ver mejor y menos entender. La vivencia fue más fuerte que tú, leías y leías y casi nada entendías. La emoción se tragó a la razón.
Con el pasar de los días, me dijiste, hasta aquí me trajo el río y hasta aquí nomás llego yo. Sin decir nada, te abracé. Nuevamente, escuchamos la canción que tanto te gusta de Natalia Lafourcade y Esteman, Caóticaaa Belleza.
Hay cosas en la vida que no se pueden cambiar,
intentos de ordenar a la naturaleza,
pero yo prefiero estar en un lugar no se da,
un mundo natural caótica belleza.
Pasé la página —me dijiste—, no entiendo, sin embargo, acepto, respeto y sigo.
Amiga del alma, en esta tarde gris y fría, mientras me acerco a nuestro punto de encuentro para el cafecito, te veo bien a-sombrada, bajo el enorme árbol, literal, estás en la sombra, percibo una sombra que te rodea, tu mirada está perdida, tu lenguaje corporal es otro, me preocupa que vayas a seguir en este camino sólido (Así dicen en Manabí a quien va solo) y a caer en depresión.
Me parece que la resignación no es un traje que te calza, tengo claro que no es lo tuyo. Sin embargo, me pregunto, ¿cuánta caótica belleza ya has recorrido, conocido y vivido? Asumo que todos esos caminos exigieron resignación de tu parte.
Por un fluir, por lo esencial,
por lo que nace por lo que muere,
por lo sentido y lo sin sentido,
Por lo sentido y lo sinsentido
Por lo que hay y nunca hubo
Anamaría Varea, alumna del Club de Casa Índigo.
Anamaría Varea, 1960, Bióloga, Ecologista Ecuatorial; Guía Naturalista en las Islas Galápagos (1982); Directora de proyectos (1989 – 2000) para la conservación de la biodiversidad; Coordinadora del Programa de Pequeñas Donaciones del GEF/PNUD (2001 – 2023) apoyando proyectos comunitarios de manejo de la biodiversidad. Colaboración como editorialista en diversos medios de comunicación y varias publicaciones de libros de conflictos socioambientales en el Ecuador, el movimiento ecologista y experiencias comunitarias en el manejo de la biodiversidad.