Todo florece, Cris Molina

Seleccionamos algunos poemas que Cristina Molina escribió durante los dos años en los que compartimos tiempo, espacio, cariño, escritura y lectura en el taller Mar de fondo. Sus compañeras Pili, sam, Eli, Ania y Carla honran su generosidad y su luz.

Así también lo hacemos en Casa Índigo, escuela en la que Cris creyó siempre; escuela que creyó en ella y que se expande infinitamente con cada enseñanza que nos dejó.

Ella tituló así el conjunto de poemas que preparó como proyecto final, al que pertenece esta selección: Todo florece. El título da muestra del lugar que ocupa en los corazones de quienes la quisimos.

Creímos que seríamos 
flores de tallos altos
de colores extraños y brillantes
pero hay veces que desde esta altura 
no alcanzamos a vernos las hojas 

no siempre es fácil 
reconocerse en otras caras
el reflejo oculta 
que seguimos siendo las mismas mujeres 
que entrecierran los ojos

bordar juntas la memoria 
asumir el peso propio 
duele

mientras, seguimos mirando
las estrellas heridas 
que caen en picado

en mí laten
los anhelos de mi madre y de mis tías 
de mis abuelas y profesoras
de mis amigas y hermanas 
de todas las que sintieron antes que yo
de las que me permitieron recoger la palabra
y continuar el camino.


*


Cada día regreso 
al dolor oculto
en el fondo del armario 
busco perderme
entre el polvo
que crece y quema 

la fruta madura
que sigue encima de la mesa 
me recuerda que la higuera
es la casa del padre
y ahora solo quedan las raíces 

el eco del silencio se filtra a través
de los vasos vacíos la piel se eriza 
a falta de tus manos 
impaciente espero
que el bálsamo
traiga nuevos versos
luz brillante y eterna
pero la magia nunca llega 

¿Qué queda
después del desierto? 
Añorar el entusiasmo 
no sirve de nada 

desde la cama 
vuelvo a los gritos 
en duermevela 
me dejo llevar
por la herida 

caen las flores viejas
y rezo
por un nuevo alumbramiento 
que traiga los nuevos bosques 
las palabras
que formen la selva.


*


Te acojo en mi pecho tibio 
siento fuerte esa marea 
que nos lleva de vuelta 
a donde todos los días 
eran brillantes y alegres. 

Intento recuperar tu risa cálida 
en medio de todo este ruido 
aislar los momentos perdidos 
guardar tu pulso 
en una cajita de plata 

que de nuestros anhelos 
surjan flores salvajes 
cambiar este lugar pequeño 
por bosques luminosos 
volver a encender la llama.


*


Días luminosos 
de aquel verano 
insectos que cantan 
entre las flores salvajes 
nosotros soñamos
con el rumor del arroyo 
el agua salpica
tus pies pequeños 

quise abrazar la luz 
detener el momento 
guardar todas las palabras.


*


Me llevas a tu bosque 
quiero ver los cervatillos salvajes 
y aquel zorrito
que nos hizo frenar en la carretera 

llenarnos los pies de barro 
sentir el olor a tierra
en todas nuestras heridas 

buscar la madriguera
que nos servirá de refugio 
soltar las manos
y encontrar el nido 

elegir nuestro árbol 
de pies musgosos 
entre la alfombra
de hojarasca mullida 

adorar el liquen blanco
las ramas muertas
la corteza vieja
añorar las jacarandás.

Me duele el pecho si pienso
que cuando venga la nieve 
no estaremos aquí para verlo 

tendrá que esperar
la primavera
volveremos a ser hoja 
enraizarán los tallos tiernos 
los nuevos brotes 
alumbrarán flores salvajes 

al fondo del claro
llegan las alondras
con su canto anuncian
que es hora de volver a casa.


*


Todavía no sé 

cómo salir de la cama
y mirar de frente esta casa 
que ha sido cueva y refugio 
que guarda celosa
todos nuestros anhelos 

cómo intentar preservar 
ese destello de luz
que se asoma tímido 
entre todas las heridas 

cómo repasar los años
que llevamos en este nido 
construido con risas y llantos 

cómo ver a través del espejo y sus sombras extrañas
buscar cobijo en la memoria 
que brilla y permanece. 

Volver a las canciones
que nos emocionaron tanto. 
Reconocernos en los textos escritos a dos voces. 

Cómo guardar todo lo vivido 
en este oasis amado
de libros y flores. 

Aún tintinean las copas 
llenas de vino recordando las noches 
en las que fuimos fuego. 


*


Ahora ya sé 
por qué la cama
se vuelve ajena
cada vez que regresamos a esta casa. 

Las palabras desaparecen
entre las paredes frías de esta cueva, 
olvidamos el refugio
que nos ofrece su luz
y nos devuelve al nido. 

El espejo busca a ciegas
la memoria de nuestro reflejo 
que transita palpitando
entre las canciones y los textos 
que tanto amamos. 

Recordar quiénes fuimos 
quiénes somos ahora
quema hasta llegar a la raíz
y no deja más que rescoldos. 

Ese oasis que antaño
fue una fiesta permanente
de libros y flores
añora hoy los días 
desbordados por vino y fuego.


*


Vivimos mirando al cielo
pendientes del tiempo caprichoso
yo prefiero observar
el olivo en medio del parque
comprobar que sigue frondoso
a pesar del cambio de estación 

quiero seguir oliendo los jazmines
que sus flores blancas
se me enreden en el pelo

quiero escuchar el sonido
de los pasos 
del padre que lleva a su hija al colegio

recordar frases
de los libros que se quedan
intentar tocar la luz
con las manos
celebrar lo más pequeño.


*


Surgen flores
de la tierra árida de mi vientre 
a pesar
del rechazo a la vida
de querer ser 
solo hija 

juntas forman
un campo
de luces blancas 
inquietas 
salvajes 
amadas 

y yo despierto 
renazco 

ya flor
ya viva
ya valiente 

todo florece.

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