No se puede ser autora antes que escritora
La escritura es un organismo vivo. Pide respiración y reposo. Se queja. Nos hace sufrir. Da saltitos de alegría. Avanza rápidamente y luego frena. Crece, crece, crece y un día se desinfla o al revés. Nos agota. Nos vitaliza. Sobre todo, nos pide presencia.
Nuestro sistema cultural y económico se construye más sobre el resultado que sobre el proceso y un libro es, sobre todo, el resultado de un proceso que implica paciencia. Los tiempos de la escritura son, en su corazón, tiempos antiproductivistas, por eso nos frustramos cuando intentamos adaptar nuestro proceso creativo a lo que la industria espera de nosotras. Escribe sobre un tema que enganche. Escribe rápido. Publica cuanto antes. Publica ya.
En su ensayo Dinero y escritura, Olivia Teroba nos entrega un mapa simbólico para ubicarnos entre la escritura, el tiempo y el cuerpo: «Escribir desgasta el cuerpo, lleva tiempo: para dudar, para buscar respuestas, no encontrarlas y volver al inicio.
Olivia Teroba. Fotografía tomada por Aggi Garduño
Escribir requiere silencio, ese tipo de silencio que nos permite pensar.
Requiere un lápiz y una pluma, y mejor aún, un procesador de textos.
Requiere estirar los músculos de vez en cuando.
Requiere un cuarto propio, que puede ser material, sí, pero también puede ser la metáfora del lugar donde nos instalamos para escribir sin que nos molesten, sea la cocina, el sillón, el comedor mientras los demás ven la tele en la sala, o una banca en el parque. Puede ser la metáfora del espacio mental que dedicamos a pensar en qué y cómo escribir.»
“¿Cómo podemos acelerar un proceso tan complejo, que requiere mucho de nosotras?”
Cuerpo, silencio, espacio, tiempo, energía creativa: ¿Cómo podemos acelerar un proceso tan complejo, que requiere mucho de nosotras? Escribimos desde la duda, desde el titubeo. Escribimos a tientas. Buscamos desvíos. Nos perdemos y queremos encontrar un atajo, adelantar los acontecimientos, pero perderse es un arte, como nos recordó Rebecca Solnit.
A menudo nos preguntan: ¿Podré publicar después de esta formación? ¿Cómo sé que mi proyecto será un libro publicable? Como escuela no podemos dar garantías de publicación editorial. Sería deshonesto por nuestra parte. Lo que sí podemos hacer —porque a eso nos llevamos dedicando tantos años— es acompañar a aquellas escritoras que quieren comprometerse con su camino creativo. Acompañarlas para que sea un camino consciente y crítico. Sostener con ellas la paciencia, el reposo, la frustración, la alegría, el crecimiento y todas aquellas experiencias que son intrínsecas al oficio de la escritura, incluso esa fase tan frustrante como puede ser, finalmente, publicar.
Aunque tengamos que lidiar con las contradicciones estructurales que nos afectan, es importante que no queramos ser autoras antes que escritoras. Que reconozcamos en nuestro interior por qué hacemos lo que hacemos. Que insistamos en la historia que queremos contar y celebremos la generosidad de entregársela al mundo porque una vez afuera, ya no nos pertenece.
A veces estamos tan pendientes de la identidad fija que construimos al decir «publiqué», que nos olvidamos de cuidar la identidad mutable que reside en la palabra «escribo».