Una escuela por y para nosotras

Queridas amigas:

En los espacios índigo a menudo nos preguntamos: ¿nuestra historia importa?

Estamos seguras de que nuestra historia importa para nuestra familia y amigxs, para nosotras mismas, pero queremos ir un paso más allá. ¿Qué importancia tiene nuestra historia íntima, personal, para el mundo que nos rodea?

Todas las vidas están hechas de relatos. Al encontrar las palabras precisas que hoy son capaces de nombrar y registrar nuestras experiencias, de alguna manera estamos haciendo historia. Quizá no sea la historia grande y visible que nos imaginamos, la historia en mayúsculas como nos la enseñaron en el colegio, pero definitivamente forma parte de la historia pequeña en la que vivimos las personas y que por el simple hecho de ser expresada tiene una capacidad innata de conectarnos como seres humanos y de convertirse en el espejo de muchas otras vidas.

Cuando comenzamos este proyecto en 2016 el mundo era un lugar diferente al que es ahora. La tecnología todavía no había usurpado la mayoría de interacciones sociales y los feminismos vivos, tal y como los hemos experimentado después, estaban a punto de hacerse un lugar definitivo en las realidades de muchas de nosotras. Hemos visto cómo nuestras identidades se diluían en el ciberespacio y nos hemos esforzado por seguir practicando la intimidad como una forma de resistencia ante la desaparición de la ternura y el vínculo. La escritura ha estado ahí todo este tiempo, tendiéndonos la mano para seguir elaborando relatos útiles de quiénes somos nosotras, las personas que amamos, las ideas que nos importan y la naturaleza que queremos conservar.

“Al encontrar las palabras precisas que hoy son capaces de nombrar y registrar nuestras experiencias, de alguna manera estamos haciendo historia”.

Solemos decir que la escritura en realidad es la excusa. Podríamos habernos juntado alrededor de cualquier arte solo para vivir la experiencia de crear y construir el mundo que deseamos en comunidad. Pero esto no es del todo cierto: sin la escritura, estaríamos perdiéndonos la posibilidad de elaborar esa parte de historia que nos toca, y que necesita de las palabras para quedar inscrita. Durante estos años acompañando escritoras y generando espacios de debate donde hacer crecer nuestro pensamiento crítico, hemos visto cómo nuestras alumnas, que terminan siendo amigas y compañeras, se atrevían a contar sin miedos ni censuras lo que realmente sienten, piensan o han vivido. Al escucharlas, cada una de las que estuvimos allí o pudimos leerlas después tomamos amorosamente un fragmento de su historia para hacerla nuestra. Así es como lo que es de una se convierte en lo que es de todas. Así es, como dice el lema feminista de la segunda ola, cómo lo personal se vuelve político.

Tal vez la historia de esta escuela todavía sea pequeña. Somos un espacio joven, pero que ha madurado sus ideas estéticas y políticas a golpe de autogestión y precariedad, como el resto de artistas y gestorxs culturales de la generación millenial. Somos también una escuela bisagra entre el mundo digital y el presencial, nostálgica de compartir el conocimiento con otros cuerpos en tiempo presente tal y como fuimos criadas. Esta es nuestra pequeña historia y podemos ver los frutos, aquí y ahora, de compartirla con otras.

Mientras escribimos este texto, 1200 alumnas han pasado por nuestras aulas presenciales y virtuales, hemos abierto espacios de encuentro en tres países y somos un equipo de cinco mujeres comprometidas con nuestra labor en el mundo. Creemos que la cultura occidental tiene una deuda histórica con sus mujeres y estamos aquí para ayudar a repararla. Esta es la escuela que soñamos: hecha por nosotras y para nosotras. Un lugar seguro desde donde podemos crear y soñar juntas. Solo así, con compromiso y entusiasmo, una historia chiquita algún día puede hacerse grande.

Con amor,

—las í.

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